Mostrando entradas con la etiqueta coluyo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta coluyo. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de abril de 2011

Coluyo, Qero

Para no quedarse con las ganas de volver a ver nuevamente a Qero.



Tranquila mañana en el anexo Coluyo de Qero Totorani

Nación Qeros, odisea de carretera

Como les había comentado en un post anterior, preparamos un proyecto junto al Foto Club Cusco, el mismo que esta vez nos llevaría a la Nación Qeros, específicamente al sector de Totorani.

Años atrás habíamos visitado ya esta acogedora tierra junto a un gran amigo, Reenzo Velázquez y a un gran guía que lamentablemente ya nos ha dejado de momento, Juan Espinoza, natural de Totorani, anexo de Coluyo. Aquel viaje quedó plasmado en esta entrada.

Ahora, más de tres años después enrumbaríamos junto a Héctor del Castillo, Carlos Nishiyama y Regis Andrade, nuevamente a aquella tranquila localidad paucartambina, no sin algunos obstáculos.



Primer obstáculo, derrumbe en la carretera a Kallacancha.



Marcando lugar aproximado del derrumbe.



Donde todos se pusieron manos a la obra: el máster Nishiyama...



...Regis, Héctor y yo junto a algunos compañeros qeros.



Lo que finalmente posibilitó el paso del vehículo.



Una vez en Kallacancha consideramos la posibilidad de montar una de estas hacia Pampaccasa.



Aunque la camioneta prosiguió sin más obstáculos que un par de deslizamientos de piedras.



Finalmente hacia mediodía llegaríamos al abra.



Días fríos de cabañas de qeros, 3.6ºC



Un fotógrafo optimista frente a la escarcha.



Y un curtido montañista.



Flores de ph'allcha.



El territorio Qero, cuna de luz y niebla.



Cercano al enclave de Paucartambo.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Juan Espinoza, Qero

Hace ya casi dos años que visité el territorio qero por primera vez... diez días más y hubiera sido dos exactos. Allá partíamos en una camioneta del INC junto al antropólogo Reenzo Velázquez desde la capilla de San Bernardo, alrededor de las 5:00 horas. No dormí bien, recuerdo, ansiedad tal vez, era un viaje largo y según Reenzo "circundado de abismos" lo cual pude vivir en carne propia desde los primeros quince minutos de caminata.

Aún así, luego de ganar algo de sueño en el viaje en camioneta hasta Paucartambo, y de allí a Kallacancha y su punta de carretera, estábamos finalmente en los confines de la nación Qero y no sabíamos aún que serían nueve horas de caminata cuesta arriba hasta llegar a Coluyo.

Precisamente de Coluyo era Juan Espinoza, un hombre joven y bajito quien se hallaba a la vera del camino con su caballo pastando, cerca de la punta de carretera. Para ese momento Reenzo ya se había dado cuenta que uno de sus compadres le había fallado y no llegaría a recogerlo; así que con coca en la ch'uspa, nos acercamos a Juan y le solicitamos que nos llevara hacia los anexos de arriba porque comenzaríamos un viaje por la nación. Luego de meditar un poco la demora de unos ingenieros que no llegaban (para ellos era el caballo) accedió y nos condujo a Coluyo, dormimos en su casa, nos prestó más mantas de las que necesitábamos (eso creía hasta las 23:00 horas que comencé a tiritar); mientras ellos, sus papás y él, se acomodaron cerca del fuego.

Se ofreció a acompañarnos todo el viaje, y fue también él, modelo de muchas fotografías sobre su pueblo; una de ellas incluso se convirtió en afiche de cierto coloquio de literatura. Sin embargo, más trascendente que aquello fue sin embargo la amistad que desarrollamos, en medio de aquellos caminos desconocidos para mí encontraba a Juan Espinoza como el amigo siempre confiable y presto. Aquél anfitrión de Qero que conoce las rutas, conoce el viento y los pajonales. Juan estaba siempre dispuesto a compartir.

Pero la vida como una moneda que gira, siempre cae sobre uno de sus lados. Reenzo me llamó hace dos días para contarme que Benito le había comunicado que Juan había fallecido.

Pienso ahora en aquella tierra, fría, llena de niebla, cubierta de lluvias, a sus papás, su mamá viejita que grita "pasay" al perro que busca la manera de colarse en la cabaña de piedra y paja y a su papá tendido al lado del fuego con una tos que no pasa y nos pide que le traigamos cigarros del Cusco. Pienso en esos abismos, esos senderos que nutren el paso de los qeros y pienso qué nuevos caminos estará recorriendo ahora, y espero, pensando en aquél último abrazo que nos dimos en carnavales, que mi pata me esté esperando para mostrarme nuevos caminos. Chau Juancito.

Juan Espinoza en el último abra, antes de descender a su tierra.


Juan y su tocana al borde de pavoroso precipicio.


Con Juan y Reenzo Velázquez, a la espera de los habitantes de Hatun Qero.


En una de las bocaminas de la colonia.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Q'ERO, el último ayllu inca.









































Un viaje de seis días a Q'ero basta para comprender la magnificencia de la hospitalidad de una cultura muchas veces tomada por extinguida.

La travesía inicia gracias a la gentileza del antropólogo Reenzo Velázquez que accede a acompañarle en uno de sus últimos viajes para terminar un documental que actualmente está editando.

Partimos el 20 de noviembre en camioneta hacia Paucartambo en un interminable viaje de cuatro horas, luego de hacer las compras necesarias para el largo camino que aguarda, partimos nuevamente hacia Kallacancha y de allí a punta de carretera en Huamanccacca.

En una anterior entrada había hecho mención a la insufrible acrofobia que padezco, así que nuevamente me pregunto ¿qué carajos hago en otro cerro?. Tomo fotos.

Partimos de punta de carretera a las 10:30 para encontrarnos de manera afortunada a medio camino con Juan Espinoza quien espera a unos ingenieros alpaqueros para transportarlos cerro arriba, los ingenieros están retrasados y bien entrada la mañana dudamos que lleguen ya, la compañía de Juan los seis días posteriores haría agradable y amena la caminata. Los senderos que conducen de Kallacancha a los Q'ero y se extienden por todos los anexos son simplemente abruptos, hay trechos donde estos caminos se reducen a 40cm de ancho y llegan a los 40º de inclinación, pendiente que se vuelca a espantosos abismos y cuestas casi verticales. La niebla que cubre la región de los Q'ero se disipa y cubre la zona en un abrir y cerrar de ojos. Llueve todos los días.

El espectro de Brocken (ilusión óptica que proyecta una dispersión de colores sobre las gotas de agua en suspensión en el aire) que se forma en la neblina encima del abra de Huillcacunca augura de manera singular un feliz recorrido.

Luego de atravesar el abra de Huillcacunca arribamos a Coluyo alrededor de las 18:30 horas, anexo donde Juan vive, nos aloja amablemente en su casa, compartiremos la noche junto a sus padres. La casa comparte la tipología de las viviendas edificadas a esta altura, muros de piedra de una altura de dos metros, siendo las medidas de la casa cinco metros de largo por dos de ancho aproximadamente; el techo es de paja. La habitación funciona como dormitorio, cocina y espacio de interacción social previo anuncio de "visita". Encima del fogón se almacena leña, imposible de conseguir a esta altura (4200 msnm), el fuego también se alimenta con boñiga seca de alpacas y caballos.

La alimentación (desayuno, almuerzo y cena) es básicamente papa y chuño. Lawa de chuño acompañada de maqtillo (tipo de papa cultivada en esta zona). Luego de cada comida se chaccha la coca.

El dinero no sirve por aquí, no hay tiendas salvo en contados anexos. Coluyo es uno de ellos. Agradecemos la hospitalidad a cambio de coca, caramelos y alimento.

Los Q'ero son amables por lo general, aunque algunos son recelosos de nuestra presencia en sus tierras. Creo que uno nunca podría encontrarse con ellos sin que demuestren su hospitalidad y gentileza.

Luego de Qoluyo partimos hacia Tandaña para asistir a una reunión con ingenieros alpaqueros que llegaron para "instruir" a los q'ero sobre la crianza de este tipo de ganado. Tengo la impresión que son los mismos ingenieros que nos "cedieron" el alquiler del caballo de Juan el primer día...

Esa misma tarde Juan se ofrece a acompañarnos el resto del trayecto.

Al día siguiente un nuevo amigo, Benito, realiza un despacho en Coluyo. De paso lee la suerte en las hojas de coca. La noche anterior pasamos de la casa de Juan a la casa de Benito donde nos recibe con lawa de chuño, papa maqtillo y carne de alpaca.

Llegados, un día después, a Hatun Qero buscamos a Juan Machaca para que nos brinde alojamiento. Aprovechamos la visita para echarle un vistazo al nuevo puente que están construyendo hacia la ruta que va al monte.

Luego de Hatun Qero, que es zona baja y húmeda, subimos nuevamente a la puna al anexo de Qochamocco, el frío es intenso y aún así salimos a tomar un par de fotografías del ganado tendido para dormir. La hija del dueño de casa que nos atiende en Qochamocco muele harina en el clásico batán de piedra situado en la (me atrevería a decir) totalidad de hogares de Q'ero. Su hermano tiene una tos muy fuerte. El frío no perdona.

Al día siguiente retornamos a Coluyo pasando por el anexo de Challmachimpana donde vive la hermana de Juan, hacemos unas tomas de tejido y viendo de lejos Chua Chua (otro anexo de Qero Totorani) llegamos finalmente a Coluyo para pernoctar por última vez durante nuestro viaje. Nuevamente dormimos en casa de Juan, la lluvia casi nos atrapa a medio camino.

Al amanecer del último día, 25 de noviembre el termómetro marca 6ºC al interior de la casa, 0º al exterior.

Emprendemos el retorno a Kallacancha. Juan nos acompaña hasta Chunchubamba de donde tenemos que apretar el paso para salvar los 25 Km que nos separa del último camión que parte a Paucartambo. De Paucartambo subimos a otro camión que lleva papas y luego de llegar a las 20:30 a Cusco hay que dormir para partir al día siguiente a Lima donde quedaría sellada mi permanencia en Perú durante una nueva etapa.

El equipo utilizado esta vez:
Una Nikon F100 y una Nikon D80.
Un flash SB-80DX y un trípode Velbon DF-50.
Soporte analógico Neopan SS.

Al momento de escribir esto, bastante retrasado por cierto, Juan y Benito se encuentran en Cusco.