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miércoles, 2 de junio de 2010

Q'oyllur Ritti, la nieve se apaga

La hondonada del Sinakara volvió a congregar un mar de gente que llega a contarse por miles y decenas de éstos incluso. Una mixtura de personas que confluyen por diversos motivos: fe cristiana, rito ancestral superviviente, turismo, curiosidad...

El sitio geográfico y ecológico se ha venido deprimiendo año tras año debido a la contaminación supraexcesiva de la afluencia de estos visitantes (nosotros, contando con mi persona este año 2010), infinidad de baterías alcalinas se utilizan en linternas, flashes, radios y otros tantos aparatos electrónicos, produciendo otra tanta cantidad de desechos de las mismas para el recambio de nuevas fuentes de poder.

Los baños públicos que terminan por desembocar en el río que atraviesa esta quebrada, fuente de agua que debiera ser de las más límpidas por salir directamente de la fuente del nevado, no es más que un trecho de aguas sucias, servidas y malolientes. Los puestos de comida que arrojan los desperdicios a sus orillas junto con el material biológico de desecho tanto de seres humanos como de animales (caballos de transporte) generan una carga de materia fecal bastante grande para ser eliminada o tomada por alto año a año.

Al parecer ya han suprimido los castillos de fuegos artificiales debido a los contaminantes que genera la pólvora y el azufre aunque aún siguen vigentes las explosiones de petardos volantes los cuales no sólo generan desechos aéreos sino también contribuyen a una contaminación acústica tremenda en un sitio donde sólo la música debiera prevalecer. Los adivinos del altiplano con sus ollas de plomo derretido al fuego para leer suertes al parecer no opinan lo mismo generando los mismos contaminantes vapores día a día, año tras año.

Los animales de transporte ayudan a los turistas, personas discapacitadas, comerciantes, primerizos de los cuatro mil quinientos donde se eleva el santuario, con S/.25.00 uno puede solamente cargar con su humanidad hasta pocos metros de asentamiento del campamento. Lamentablemente estos mismos animales (caballos en su mayoría), no están bien alimentados y recorren los 8Km de 500 metros de variación altitudinal todo el día, de ida y vuelta.

Los "hermanos" al parecer olvidan que este santuario donde se congrega la fe católica y la devoción ancestral indígena a una de sus deidades importantes debe ser sitio de tranquilidad y no lugar de comercio, espectáculo y poder.

Un cuento de una de las comunidades de las cercanías del Ausangate rezaba: "El día que las nieves del Apu Ausangati desaparezcan, será el día del fin del mundo".

Esperamos que estas consideraciones están dentro de la declaratoria de patrimonio que viene generando el Instituto Nacional de Cultura, ¿o siempre consideraremos cultura a lo que sólo yace en las piedras?

Las rocas que albergan las nieves ya están negras de premonición.


Taytacha Q'oyllur Ritti

viernes, 12 de junio de 2009

El albo resplandor de Sinakara

06 de junio, 06:00 horas, despegamos a duras penas los párpados que recién tres horas antes los había cerrado...

Desde el desvío de Urcos hasta Mahuayani, dos horas exactas... Es la primera vez que haré un registro digital del camino al Santuario del Señor de Q'oyllur Ritti, ubicado en la hondonada del Sinakara, en las faldas del Qolqepunku. Para esto, me acompaña una Panasonic DMC-TZ4, ligera, vasto zoom óptico de 10X.

Cargo una Nikon F100 para mi registro habitual en película de 35mm.


Mahuayani, punto de partida.


Una de las cruces al atardecer, camino al santuario de Q'oyllur Ritti


Varios arrieros de las cercanías de Ocongate ya bajan presurosos a conseguir más usuarios para sus caballos.


Ocho kilómetros de ventisca, piedras, soledad...


Hasta el plástico se ha hecho tristemente célebre en el paisaje de camino al santuario, (y en el mismo).


Más caballos, más arrieros...


El Qolqepunku y su precioso tesoro sobre los hombros.


Colección de cruces del santuario albergadas en una esquina del templo.


Las niñas de Ocongate recolectan la cera que van llorando las velas.


Los peregrinos comienzan a llenar el templo, al fondo la nave que alberga la imagen del Señor de Q'oyllur Ritti.


Plegarias.


Camino al Qolqepunku, al fondo el vasto campamento de la hondonada del Sinakara.


Sin poder contenerlas, cobran vida, se escurren, se deslizan, se liberan y se agotan...


Un pablucha, intermediario de los apus, emerge del glaciar.


Pronto estos guardianes no tendrán nada ya qué custodiar.
(si no se hace nada HOY)


El agua se desliza lentamente cuesta abajo, entre las piedras; la persistencia que se abre paso a través de la terquedad del camino.


K'intu.


La sierra y la quietud.


Sincretismo, imposición o transgresión; lo único cierto de estas montañas es el imponente silencio que se impone ante el bullicio interno que llevamos dentro.


Los últimos custodios.


Peticiones extra-muros.


Amable comparsa de Qapaq Qolla que compartió con nosotros sendos vasos de té con "punta".


El viento, el hielo y el fuego. La vida en estos parajes cobra todo el concepto de fragilidad.


Entre un sinfín de comparsas, los Qapaq Chunchu danzan ante la gruta que colinda con Pucllana Pata.


La máscara, genio ritual.


Los Wayri Chunchu.


En Pucllana Pata, la tierra del juego, este caballero acaba de adquirir una retro-excavadora, el año que viene estaremos celebrando en alguna minera.


Todo en el juego es "legal", hasta los papeles deben estar en regla.


La Cruz de Tayankani, el éxtasis.


Más plegarias nocturnas.


Desde la última cruz del camino la gente no escatima con el fuego que llevan dentro.


En las afueras del templo los peregrinos forman las anheladas figuras de sus ensueños materiales.


Otros llevan la figura por dentro.


06:00 am, de vuelta al glaciar para el descenso de los pabluchas, últimas fotos... la batería de la cámara ha llegado al límite.


El límite suficientemente dadivoso para compartir estas imágenes con vosotros.


Límite suficiente para cuatro días de registro con más de 600 imágenes, a una altura promedio de 4500 msnm y temperaturas oscilando los -3˚C.