martes, 17 de marzo de 2009

Tardes cusqueñas

Y de pronto, la quietud absoluta,
el constante giro imperceptible
de un cielo color magenta,
cirroestratos vestigio del zarpazo,
cúmulos, borbotones de desesperación
que tiñe la tarde para enjugar tu diadema de costras,
rey bastardo del arco iris,
brisa exhalada por el desgarrado vientre de la madre Tierra.

Las gotas apuñalan la aterida espalda
de la quimera alada, su largo
cabello cubre las cicatrices de su
tórax, sanguinolentas huellas
dejadas por la persistencia del
deseo de alzar vuelo. Su
tosca barba tiembla al compás
del tiritar de su mojado cuerpo
y masculla ligeramente algo así
como una reconciliación entre
él y su reflejo.

Extraído de IV (El Espejo) - Cusco, 01/X/2001

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