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lunes, 18 de abril de 2011

Lunes (non) sacto

Meses atrás pensé que ya no volvería a ver otra bendición de Lunes Santo desde el balcón de la Casa Grande, y meses atrás que semana santa parecía tan distante. Sin embargo, este año pude estar allí nuevamente, con mi esposa y mi hija, familiares y recuerdos.

Meses atrás desde el último Lunes Santo, pensé que las tradiciones y las familias eran incólumes, que no pasaban, no se perdían.


Lunes Santo, el mejor día para echarse unos tragos en el Trotamundos.



La abuela y el rosario en el balcón, su balcón.



La multitud que pasa.

jueves, 15 de abril de 2010

Pentax Spotmatic SP II

He sido infiel, debo confesarlo... no siempre fui nikonista (aunque también Canon me ha coqueteado). He aquí la historia.

"Este es un visor réflex, este número (2), representa la mitad de luz que este otro (1.4); es decir que por este otro (8) pasa dieciséis veces menos luz que por este (2)..."

Así comencé (mal por cierto) la primera explicación que mi abuelo me daba sobre las aberturas de diafragma en un objetivo de 50mm montado en una cámara réflex; dicha cámara era una Pentax Spotmatic SP II. Aún conservaba película en blanco y negro, en el interior (desde la época del abuelo), la cual terminé yo de exponer (unos quince o veinte años después de la última toma que conservaba, presumo).

Fue con aquella cámara que expuse el primer carrete en colores que verdaderamente me gustó. Lo primero que me atrajo fue la palanca de avance (ya no era la trabajosa ruedita de la Kodak Retina IIa), con sus 160º necesarios para avanzar cada fotograma de un solo tirón, se hacía divertido. El sistema de microprismas del visor hacía mucho más sencillo el enfoque que el telémetro de coincidencia de la Retina; y sobre todo, la posibilidad de cambiar de ópticas, simplemente la convertían en algo fascinante...

El mecanismo de medición de exposición era absolutamente sencillo, bastaba con colocar la aguja indicadora del exposímetro a un nivel intermedio entre los símbolos (+) y (-).

Si con la Kodak Retina IIa, comprendí lo que significaba la calidad de una imagen en cuanto atributos, con la Pentax Spotmatic II, entendí que estos atributos podían convertirse en variables: fue la carta de presentación de la profundidad de campo y de la variación del ángulo visual. Takumar y Soligor se convirtieron en los nombres de regla. Claro que mi abuelo trataba esta cámara cual doncella, con mucha delicadeza... motivo por el cual me hubiera dado un jalón de orejas si la hubiera visto correteando por el Pumahuanca, bajo la lluvia, entre la niebla de la madrugada con las lentes empañadas dentro de la carpa... en Combapata y Checacupe entre los vientos polvorientos y las noches de pólvora y salpicaduras de cerveza de los festejos de Pillpinto.

Aunque ahora duerme en su estuche de cuero; sabe que con ella siempre viviremos un eterno romance.



Pentax Spotmatic SP II (distribuida a partir de 1971).


Spotmatic.


Spotmatic SP II con un objetivo 50mm f1.4


Ópticas intercambiables: Objetivo de focal variable (zoom) Soligor 90mm-230mm.



Objetivo catadióptrico Soligor 500mm f8.


Spotmatic SP II con fuelle de extensión para macrofotografía.


El mismo fuelle de extensión con accesorio duplicador de diapositivas.


Vista lateral de ambos.


Accesorio para imágenes estereoscópicas (3D).

Imagen conseguida a través del mismo visor.
(Aunque no se conseguirá el mismo efecto, intentaré explicar mediante una demostración sencilla el efecto 3D. Hacer doble click sobre la imagen para ampliarla y acercar el rostro lentamente a la pantalla del ordenador con la vista fija (sin intentar enfocar la imagen) manteniendo la nariz en medio de las dos cámaras, antes que vuestra nariz toque la pantalla habréis visto que las dos imágenes llegan a fundirse en una sola :) ).


Asahi Pentax Spotmatic SP II lado a lado con la Honeywell Asahi Pentax Spotmatic.
(Honeywell era el importador oficial de las Pentax en los Estados Unidos de Norteamérica, por tanto todas las cámaras de esta procedencia llevaban estampado el logo Honeywell en la carcasa del pentaprisma). -Nótese el adaptador de accesorios sobre el pentaprisma de la Honeywell, ya que este modelo no poseía zapata de accesorios (hot shoe) no había sincronización directa de flash con el mecanismo de disparo, excepto por el contacto de cable PC X y FP.

jueves, 15 de octubre de 2009

Ana y el piano

Transcurría la década de 1930...

y ella tenía apenas cinco años, sin embargo recordaba el sonoro mueble que habitaba la casa. La pianista era su madre, Lucila Lozano-Álvarez Monzón, y el piano fue heredado de sus padres Prudencio y Rosario quienes lo mantuvieron en la Casa Grande de Checacupe y luego lo mudarían a la Hacienda Chuquicahuana.

Transcurría la década de 1930 y la tía Ana recuerda cómo el piano, dejó la casa...

Más de 70 años después lo vuelve a contemplar, durmiendo, en una esquina del Club Cusco.


La tía Ana Cagigao y mi madre sonríen con el viejo Rogers Eungblut.

lunes, 27 de julio de 2009

El auto del tío Alejo

Cuando volvió a rugir aquél viejo motor, trajo a la mente el sinnúmero de veces que viajamos en aquél auto blanco todas las vacaciones a Checacupe, el color amarillento del tablero, la solidez del golpe en las cuatro puertas de metal, los asientos fríos de cuero negro y las mantas para abrigarnos durante el trayecto de dos horas, partiendo de Cuzco (aquél entonces con z-vuelvo a repetir) sobre una carretera de tierra, a veces bajo la lluvia golpeando en los gruesos cristales, a veces con el sol ocultándose mientras relame los pezones de los cerros. El olor a tierra mojada, a hierba húmeda, a sierra fértil.

martes, 14 de julio de 2009

Antaccacca, el lugar azul.

Mi abuelo materno, Don Alejandrino Lozano-Álvarez Monzón, se encontraba en los Estados Unidos de Norteamérica estudiando mecánica automotriz cuando perdió a su madre. Motivo que le obliga a retornar nuevamente a Perú. Una vez aquí, luego de varias peripecias recupera una de las haciendas del haber paterno, Antaccacca, (Roca Azul) llamada así por la existencia de antimonio en estas tierras. Se dice que esta propiedad habría pertenecido al Brigadier Mateo Pumaccahua, quien de acuerdo a la tradición local habría sido capturado aquí. Ya en manos de Don Prudencio Lozano-Álvarez Caro y Pinto Álvarez y Doña Rosario Monzón Jáuregui, con sus 12000 héctareas era por largo una de las haciendas más pequeñas de la decena que por entonces poseían. Ya este año, 2009, en Registros Públicos se consideraba a los Álvarez, los más grandes terratenientes de la provincia de Canchis de aquella época.

Don Alejandrino Lozano-Álvarez Monzón
Los Angeles, 1928
(Contessa, Sonnar f 4.5)
-Él fue mi primer profesor de fotografía.-

Fruto del esfuerzo, dedicación, cariño y trabajo; don Alejandrino se erige, desde esta región en uno de los criadores de alpacas y ovinos más prolíficos del sur andino. Proveedor de Michell y Cía. llega incluso a perder durante cierto tiempo la reputación de criador al gastarle una broma a un petulante experto de dicha compañía, quien al elogiar los finos atributos del ¡pelo de perro! como la más fina lana de alpaca que había visto en su vida... le costó a uno "los aires" y a don Alejandrino el regular ingreso de la venta de lana.

Como producto de años de investigación sobre control genético, don Alejandrino consigue alcanzar el estándar de lana blanca de alpaca en todos los hatos de su propiedad. Asimismo importó ganado ovino como el merino australiano, merino argentino, corridale, etc. En pequeñas cantidades también poseyó animales suffolk (cara negra).

En cuanto a ganado vacuno crió el West Highland.

Lana de oveja.
Fotografía: Alejandrino Lozano-Álvarez Monzón


Don Alejandrino Lozano-Álvarez y campeón lanar.
Trofeo Ministro de Agricultura.
VI Exposición regional de ganadería de Melgar.
Ayaviri-1955



Ejemplar ovino de la Hda. Antaccacca


Alpacas de la Hda. Antaccacca.


Alpacas - Hda. Antaccacca.


Alpacas - Hda. Antaccacca.


Década del 70, el General Juan Velasco Alvarado y su improvisada Reforma Agraria, traen abajo la industria nacional, y con ella cae también la Hda. Antaccacca. Transformada luego en la SAIS Maranganí, se convierte finalmente en comunidad; actualmente se puede visitar los baños termales de la zona, y su pequeño volcán de dos metros de alto. El ichu cubre la pampa con su generoso color amarillo y el viento de la puna adormece el grito de la sierra que forma las quebradas y germina los valles. El campesino vive apaciblemente contemplativo sin ningún afán de dominar la tierra. El antimonio escapó hace tiempo de las minas, pero el hierro aún tiñe de rojo el suelo y las aguas del reducto ubicado a 4000+ msnm de quien alguna vez Tamayo Herrera bautizó como "El rey del ganado".


Hda. Antaccacca luego de la nevada.
(a mano izquierda la capilla, el prolongado techo del galpón, la casa nueva a mano derecha)
Fotografía: Alejandrino Lozano-Álvarez


La casa nueva de la Hda. Antaccacca.
Fotografía: Alejandrino Lozano-Álvarez


La casa nueva y tractor International, Hda. Antaccacca.
Fotografía: Alejandrino Lozano-Álvarez

(Todas las fotografías pertecen al archivo Luis H. Figueroa)
- © Prohibida su reproducción-





La casa "nueva" treinta años después.


El comedor de la casa antigua en total abandono.


El patio de la casa antigua, al centro el pedestal del antiguo reloj de sol, cerca a él una piedra con restos fósiles ha sido completamente cubierta por cemento.


La capilla del caserío,las campanas han enmudecido.

-Los bonos de la Reforma Agraria, nunca fueron cobrados.-

viernes, 13 de marzo de 2009

Cine y Rock & Roll


Franco García vuelve a la carga con un nuevo rodaje en nuestra querida sierra cusqueña, con un equipo de primera. Como diríamos: ¡¡¡El rock and roll y la cinematografía NUNCA MUEREN!!!

\m/


Filmación del teaser a algunos miles de metros sobre el nivel del mar: agua calma, vientos prepotentes y algunos grados centígrados que espantan a cualquiera.


El equipo rockanrolero: Paul, Nina, Julio, Lucho, Vero, Manuel, Fred, Stephanie, Franco, Miriam, Odi.

domingo, 25 de enero de 2009

De tu rostro, ni cenizas quedarán.

Cuando voy a Lima, imagino aquellas casonas enormes como gigantescos cadáveres donde las personas que entran y salen son gusanos que carcomen sus esqueléticos cuerpos, desvencijados dinteles y sus ventanas cual cuencas vacías, en ese cielo gris, panza de burro, los buitres colaboran a solidificar este panorama de tugurio metropolitano, frívolo, vacío, sin sentido...

Es cuando resuena en mis oídos aquella frase: "Una Lima que se va", y de hecho, ya se fue. No pensé jamás que en tan poco tiempo, lo que era una pequeña ciudad, acogedora y tranquila como Cusco iba a comenzar a seguir ese deplorable destino. La industria turística sobrepasa ya lo que este valle puede aguantar, cada vez hay menos agua, hay más demanda de servicios innecesarios que producen excesivos desechos diarios, el cielo azul va dejando de serlo, el sonido de las bocinas y los ticos en todas las calles plagan los distritos como gusanos sobre un cadáver fresco.

La calle Ruinas era un sitio muy agradable para pasear por las mañanas, los sábados, o los domingos; había una panadería, que ciertamente nuestro amigo Gabriel Rozas podría facilitarnos el nombre, donde colgaban dos enormes fotografías en blanco y negro de la Plaza de Armas de Cusco y otra de Machupicchu, vendían sabrosas empanadas y panes de yema y dulces; a media cuadra existía otro negocio donde uno podía tomar jugo de naranja recién prensada... pasos más allá: galletas en costales, aquellas que tanto me gustaban, las de gengibre que ahora no es posible encontrarlas, y en sus rechonchos frascos las nacaradas cocadas, queso fresco, el olor a café molido, a chocolate, a pueblo serrano de aire puro y silencio casi absoluto. El alumbrado público era blanco, las calles tenían más adoquines que cemento, existían más librerías (donde se vendían libros) que cabinas de internet, por cierto, ¿vieron que la librería La Estrella en calle Plateros ya no existe?.

Todavía recuerdo las carretillas con los techos plásticos azules, las monedas de 100 intis circulando, el sabor de Muss de chocolate con la clásica cucharita plástica, los ácidos del Tigre...

Las bicicletas Goliat, los microbuses plomos, rojos, verdes...

Y hace unos cuantos días la cadena hotelera Marriott puso la primera piedra de su edificación en la casa de mis bisabuelos, y francamente, siento que un pedazo de la historia de mi familia se ha venido abajo, y yace debajo de aquella afrentosa piedra. No quisiera decirlo, pero este francamente, es un Cuzco que se nos va.