sábado, 14 de noviembre de 2009

Juan Espinoza, Qero

Hace ya casi dos años que visité el territorio qero por primera vez... diez días más y hubiera sido dos exactos. Allá partíamos en una camioneta del INC junto al antropólogo Reenzo Velázquez desde la capilla de San Bernardo, alrededor de las 5:00 horas. No dormí bien, recuerdo, ansiedad tal vez, era un viaje largo y según Reenzo "circundado de abismos" lo cual pude vivir en carne propia desde los primeros quince minutos de caminata.

Aún así, luego de ganar algo de sueño en el viaje en camioneta hasta Paucartambo, y de allí a Kallacancha y su punta de carretera, estábamos finalmente en los confines de la nación Qero y no sabíamos aún que serían nueve horas de caminata cuesta arriba hasta llegar a Coluyo.

Precisamente de Coluyo era Juan Espinoza, un hombre joven y bajito quien se hallaba a la vera del camino con su caballo pastando, cerca de la punta de carretera. Para ese momento Reenzo ya se había dado cuenta que uno de sus compadres le había fallado y no llegaría a recogerlo; así que con coca en la ch'uspa, nos acercamos a Juan y le solicitamos que nos llevara hacia los anexos de arriba porque comenzaríamos un viaje por la nación. Luego de meditar un poco la demora de unos ingenieros que no llegaban (para ellos era el caballo) accedió y nos condujo a Coluyo, dormimos en su casa, nos prestó más mantas de las que necesitábamos (eso creía hasta las 23:00 horas que comencé a tiritar); mientras ellos, sus papás y él, se acomodaron cerca del fuego.

Se ofreció a acompañarnos todo el viaje, y fue también él, modelo de muchas fotografías sobre su pueblo; una de ellas incluso se convirtió en afiche de cierto coloquio de literatura. Sin embargo, más trascendente que aquello fue sin embargo la amistad que desarrollamos, en medio de aquellos caminos desconocidos para mí encontraba a Juan Espinoza como el amigo siempre confiable y presto. Aquél anfitrión de Qero que conoce las rutas, conoce el viento y los pajonales. Juan estaba siempre dispuesto a compartir.

Pero la vida como una moneda que gira, siempre cae sobre uno de sus lados. Reenzo me llamó hace dos días para contarme que Benito le había comunicado que Juan había fallecido.

Pienso ahora en aquella tierra, fría, llena de niebla, cubierta de lluvias, a sus papás, su mamá viejita que grita "pasay" al perro que busca la manera de colarse en la cabaña de piedra y paja y a su papá tendido al lado del fuego con una tos que no pasa y nos pide que le traigamos cigarros del Cusco. Pienso en esos abismos, esos senderos que nutren el paso de los qeros y pienso qué nuevos caminos estará recorriendo ahora, y espero, pensando en aquél último abrazo que nos dimos en carnavales, que mi pata me esté esperando para mostrarme nuevos caminos. Chau Juancito.

Juan Espinoza en el último abra, antes de descender a su tierra.


Juan y su tocana al borde de pavoroso precipicio.


Con Juan y Reenzo Velázquez, a la espera de los habitantes de Hatun Qero.


En una de las bocaminas de la colonia.

2 comentarios:

Reenzo dijo...

Y como tu dices mi querido amigo "estara por ahi, a la espera de mostrarnos nuevos caminos"

Reenzo dijo...

LLegue hace 2 días de Q'ero, vi a a la mamá y Papá de Juan, estan viejecitos y solos, les deje coca y cigarros, lloraban mientras me mostraban la tumba de nuestro amigo.